En un abrir y cerrar de ojos
estoy otra vez aquí, en enero. Con tantas preguntas como en el enero anterior,
y el anterior. Quizá no son las mismas preguntas, quizá son otras, quizá el año
pasado la vida me cambió y por eso ahora pregunto otra cosa, pero el sentido
sigue siendo el mismo.
Viene enero, lleno de promesas y
planificaciones, lleno de vida y nuevos inicios, viene lleno de esperanza;
también viene lleno de nostalgia. Nostalgia por aquello que hace años nos
propusimos, y cada enero prometemos cumplirlo, aun sabiendo que quizá este año
tampoco lo logremos; viene con la nostalgia de lo que dejamos, de lo que se
terminó, de un final, bueno o malo; viene con aquella nostalgia que se rumora
en las frías mañanas, donde sólo una densa niebla te rodea; viene con la
nostalgia del cambio.
Pero así de raro es enero, que
por la mañana te envuelve en su frío profundo, un frío que llega hasta el
corazón; pero al mediodía el calor de su sol te acaricia y te acoge, como una
madre a su bebé. Así de contradictorio es enero, quien se ve tan prometedor, pero
a la vez tan confuso; que te ofrece un mañana esperanzador, pero el ayer aún
está presente. Al voltear mi rostro y ver hacia atrás, me doy cuenta de lo que
perdí, pero también de lo que gané, de lo que aprendí.
Viene enero, ya está aquí, aunque
no quiero que sea así. Hay esperanza, lo sé, pero… otra vez es enero, y otra
vez tengo preguntas, no, todavía no tengo las respuestas. Pero este enero, esta vez, es diferente; este
enero, esta vez, estoy sola y está bien; este enero, esta vez, tengo paz.
Cae la noche y llega la mañana, con
el canto de los pájaros y la salida del sol, es un nuevo día, es un nuevo
inicio, es un nuevo enero. ¿Cuántos eneros más viviré? ¿Cuántas veces más
recontaré las anécdotas de un año pasado? ¿Qué otras preguntas tendré? ¿Cuántas
sonrisas más regalaré? ¿Cuántas lágrimas derramaré?
No tengo las respuestas, quizá no
las quiero; si las tuviera ¿qué emoción tendría esta vida? En medio de la
nostalgia, se vive la incertidumbre, pero también la sorpresa del porvenir. Hay
quienes, pueden vivir confiados, riendo del porvenir, porque después de todo,
su seguridad está en el Señor de los cielos y la tierra, aquel que lleno de
sabiduría hizo las estrellas, el mar y todo lo que vemos. Entonces entendemos que
la vida es sólo un instante, tan frágil como un suspiro, tan delicada como un
diente de león, un simple soplo y ésta se desintegra completamente; como cuando
nos rompen el corazón, y pareciera que la vida se va en mil pedazos; cuando la
incertidumbre y el miedo nos rodea, sólo podemos ver hacia arriba, seguro ahí
hay esperanza, seguro ahí hay paz, seguro ahí… está Él, tal como estuvo en
diciembre, sigue estando en enero.
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| Otra vez es enero y viene tan delicado como un diente de león… |

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