Invernadero

Mrs. Benjamin F. Russel:
WOMAN IN THE GREENHOUSE 1910
¡Vaya que el tiempo pasa rápido! Ya está oscuro, el día empieza a terminar, y como muchas otras noches no quiero que hoy termine… todavía no, todavía no estoy lista para dar las buenas noches, no estoy lista para dormir y empezar a soñar, no estoy lista para mañana.

Todo va con tanta prisa que pareciera no haber suficiente tiempo ni siquiera para respirar, para existir. No sé si es cosa de la edad, o de todo lo que una tiene que hacer, o porqué de repente todo pareciera ir más rápido; los días, que muchas veces eran difíciles de llenar, ahora parecen ser segundos, parecen estar retenidos en un abrir y cerrar de ojos. Todo a mí alrededor gira, todos van tan rápido, y no puedo hacer que se detenga, no puedo hacer que el tiempo pare, que aunque sea se congele por un instante. Sigue y sigue, la segundera de mi reloj es un diario recordatorio, nada se detiene, nada para…

Pero hay veces que aún en contra de la naturaleza del tiempo, me escondo. Me escondo de todo lo que corre, de todo lo que vuela, de todo lo que es, y empiezo a ser yo otra vez; ahí en la nada, ahí en el silencio, ahí en la luz. Me escondo y escucho, a veces son pájaros, a veces es el sonido de muchos árboles en el viento, otras, sólo es mi corazón, mi corazón en el silencio, regresando, hablando, algunas veces bailando quizá. Me quedo suspendida, me quedo paralizada, contemplando, no siempre meditando, sólo me quedo ahí, siendo.

¿No te pasa? ¿No te pasa que a veces sólo querés parar, sólo querés esconderte, u ocultarte? A mí me pasa todo el tiempo. No hay día que yo no necesite correr al invernadero, sí, ahí donde pega el sol y su calidez me acoge; sí, ahí donde las flores empiezan a crecer y llenan mi vida de colores; ahí donde nadie me escucha, más que unas verdes hojas y un vivo corazón; ahí donde encerrada, quieta, tranquila y segura puedo reposar, puedo encontrar paz; ahí donde el vidrio me recuerda que hay un mundo afuera, pero por unos minutos puedo escapar de éste, y puedo refugiarme.

No sé cómo la humanidad va a sobrevivir viviendo tan deprisa, tan superficialmente; no sé cómo este sistema sigue perpetuando un camino de vida donde quien nos destruye se llama yo; no entiendo cómo vamos a seguir existiendo, sí nunca valoramos el silencio. Las generaciones que vienen no han encontrado la vida en las flores, en los árboles, en los libros… no sé si han encontrado la vida.

La vida es difícil, pero también es rápida. Brooke Frase en su canción Here’s To You dice: “Life is short as a day is long”; la vida es corta, la vida no es cómo la imaginé, no es como nadie la imaginó. Qué ilusos fuimos al creer que a los 25 tendríamos todas las respuestas y encontraríamos la plenitud que tanto deseábamos; lo que nunca nadie nos enseñó es que a los 25, sólo tenemos más preguntas y casi ninguna respuesta; sólo tenemos más vacíos y algunas veces no nos sentimos tan completos (o no nos sentimos para nada completos).

No quiero salir, no quiero hablar, quizá tampoco quiero escribir. Quizá sólo quiero acercarme y oler las flores; quizá sólo quiero sentir la luz y calidez del sol atravesando mi cuerpo; quizá sólo quiero sentarme y recordar que vivo, y no sólo existo; quizá sólo quiero reír de recuerdos abrazados al corazón; quizá sólo quiero estar aquí, sola; quizá sólo quiero sonreír.


Ya está entrada la noche, seguro el verano se siente en su frescura, seguro las estrellas me están invitando… el día se está acabando, la melodía resuena en mi corazón, sigo aquí, y cuando regresés, acá voy a estar, oliendo las flores, riendo sin sentido, aquí cultivando, aquí en mi invernadero.

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