¿Alguna vez han escuchado estas
palabras: “tranquila, tranquila”? ¿O las han dicho? Yo las he escuchado, y
desde que tengo uso de razón las he detestado. Lo que normalmente sucede es que
una mujer, señorita o adolescente expresa sus emociones de una forma quizá muy
intensa, sobre todo cuando está enojada, alterada o irritada, y entonces
aparece aquel hombre que cree que dicha reacción está completamente fuera de
lugar y dice estas palabras, en ese tono cae-mal: tranquila, tranquila.
Lo único de lo que estoy segura,
es que al decir tranquila, tranquila
lo último que consigue es que la chica encuentre tranquilidad, lo que produce
es más enervación, más disgusto y frustración. Y muy en el fondo no estoy del
todo segura que lo que el hombre quiera sea la plena tranquilidad de la chica
en ese momento. Es como una extraña forma de control, bueno, no tan extraña,
pero se pretende controlar la reacción de una mujer por medio de estas palabras.
Sí ellos realmente quisieran que encontrásemos tranquilidad en esos momentos,
entonces deberían empezar por escuchar y no por pretender, a través de una
ridícula seña o dos palabras “alentadoras” ayudarnos a encontrar tranquilidad.
Es cierto que no siempre son sólo
los hombres quienes lo dicen, también hay mujeres que lo hacen, pero muy pocas
veces he escuchado a una mujer decírselo a un hombre, ¿es que acaso ellos si
pueden expresar su enojo o frustración sin alguien que quiera “tranquilizarlos”?
No sé, ni tampoco pretendo entrar en ese tipo de discusiones que al final no
llevan a nada.
Lo único que quiero decir es que
cuando estoy muy enojada, frustrada, o en plena expresión pasional de algo que
estoy sintiendo o pensando, lo último que deseo escuchar es: tranquila, tranquila. Porque no, eso no
trae tranquilidad a mi vida, y estoy segura que a la de nadie más. Lo que realmente
ayuda y lo que de verdad trae tranquilidad es que escuchés el porqué de mi
enojo o de mi frustración o de mi intensidad pasional al hablar. Porque después
de todo la tranquilidad no siempre está en tus palabras, la tranquilidad está en la
ausencia de ellas, cuando ofreces tu oído, cuando ofreces un abrazo…
Sólo algo que tenía que decir.
Es cierto!! Hombres, los oídos atentos y los abrazos sinceros son mejores que las palabras en ese tipo de circunstancias. Y si vas a usar palabras, que sea para hacer preguntas que te ayuden a intentar entender el enojo de una mujer -aunque muchas veces no podrás hacerlo.
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