Hoy conocí a María. Una niña muy
tierna de 10 años. La conocí como a las 7 de la noche en la universidad donde
estudio. Sus ojos se veían un poco tristes, quizá cansados, quizá perdidos… después
de todo ¿qué hace una niña de 10 años merodeando por los edificios de una
universidad a las 7 de la noche?
Claro, podríamos pensar en muchas
opciones, respuestas lógicas, llenas de sentido que expliquen tal situación. Pero
cambiaría tu respuesta si te digo que tenía un traje típico; su piel estaba
quemada por el sol; sus pies en sandalias, estaban sucios y llenos del polvo
del recorrido caminado ese día; sus manos sostenían una caja plástica llena de
dulces, galletas, chocolates, y otras golosinas. ¿Qué pensás ahora? ¿Quién es
María?
Nuestro encuentro pudo haber sido
“uno más”, como cualquier otro vendedor ambulante a quien simplemente le digo “no
gracias”. Pero ella era una niña que caminó frente a la banca que compartía con
un compañero de clase. Ella me vio de reojo y siguió su camino. Mi corazón
reaccionó a esa mirada y sin titubear la llamé. Le compré un chicle (una goma
de mascar), la pequeña ni lo esperaba, platicamos un minuto y medio quizá,
tiempo suficiente para que ella entrara en mi corazón, en mi mente. Mi
compañero agarró un bombón, le dio el quetzal y se lo perdió, no la vio.
María me contó que todas las
noches anda por ahí, vendiendo, deambulando, existiendo, sobreviviendo… cuando
le compartí del dulce que compre, se sorprendió, lo aceptó y entonces yo me
sorprendí. Ella me aceptó. Cada noche se va de la universidad a las 8.
María la niña que trabaja.
Recuerdo que cuando era niña, mis
papás me mandaban a la cama a las 8:30pm, ya cenada, habiendo hecho mis tareas,
habiendo salido a bicicletear, habiéndome divertido. María a las 8 quizá no ha
comido, quizá no tuvo la oportunidad de reír leyendo o escuchando un buen
cuento, quizá no recibió una sonrisa, quizá no sabe cómo leer la palabra rosita, quizá nadie le ha dicho lo
hermosa que es… quizá yo pude ser María.
Hay situaciones que no logro
entender, mucho menos explicar. Guatemala tiene una cuenta pendiente con sus
pequeñas, las niñas indígenas son discriminadas por ser indígenas, por ser
mujeres y por ser niñas. Necesitan oportunidades, necesitan soñar. Según UNICEF,
en la revista Mírame, Situación de la Niña Indígena en Guatemala: la exclusión, marginación, restricción o
limitación se manifiestan de diferentes formas en las relaciones sociales, y
comienzan a afectar desde la infancia. Y esto impacta en los sectores más vulnerables
de la sociedad, lo que se traduce en niñez y mujeres indígenas. Hablar sobre la
situación de la niña indígena en Guatemala es muy intenso y muy profundo, tanto
a nivel metodológico, normativo y documental, y no es el objetivo de este
escrito; pero no se puede pasar por alto este trasfondo social de discriminación
ante la historia de María.
Cuando mi compañero pagó su bombón, no la vio, no la sintió, no escuchó
su corazón, mucho menos vio esa tristeza en sus ojos. Simplemente vio un medio
de consumo, María era invisible. En este momento pienso en una imagen terrible;
pienso en las máquinas donde metés un quetzal o alguna cantidad y te sale el producto
que querés. Temo que hoy, María fue vista así… pero más temo que así sea vista
todos los días. Una persona despersonificada, en este caso una niña.
Espero volver a verla, espero poder algún día escucharla, quizá jugar con ella, quizá reír juntas mientras le cuento un cuento…

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